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Reflexión

Seamos agradecidos

Buenos días, qué bueno ver un nuevo amanecer. Cuando nos despertamos, nuestros sentidos se abren de nuevo y podemos contemplar todas las maravillas que Dios nos regala para que podamos ser felices.

Seguro algunos no se han levantado muy contentos, debido a que viven estancados en los lamentos, las quejas y los malos recuerdos que solo producen sufrimientos. Nos afligimos lamentándonos del pasado y siendo pesimistas en cuanto al futuro, en vez de pensar en que Dios nos ha dado una nueva oportunidad de salir adelante en esta tierra.

Tristemente, por nuestra naturaleza caída, nos enfocamos más en nuestros problemas, necesidades y deseos, los cuales nos ciegan y nos hacen olvidar que posiblemente personas cerca de nosotros también pasan por situaciones difíciles, y en ocasiones más fuertes que las nuestras.

Por eso te invito a que no te sigas haciendo más daño y comiences a dar gracias a Dios por lo que te ha dado y te ha permitido lograr hasta ahora. Seguro vienen más bendiciones en camino, y recuerda que para cada prueba Dios tiene un propósito y una salida.

«Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.» 1 Tesalonicenses 5:18

Si has pasado por alto que cada día es un regalo del Señor, recuerda que tienes un regalo de mucho valor en tus manos: la vida. No la desaproveches, no la desperdicies, y ten presente cada día que Dios te ama, tiene cuidado de ti y tiene propósitos eternos para bendecirte.

«Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.» 1 Pedro 5:7

Cristóbal Yáñez

Reflexión

Paz

En nuestros pueblos son evidentes los altos niveles de inquietud y ansiedad. Las presiones sociales a las que nos vemos sometidos, la inseguridad, la impotencia, la soledad y el miedo a un futuro incierto causan que la anhelada paz se aleje de nosotros.

Al definir la paz, podemos decir que es un sentimiento de seguridad, de tranquilidad, de quietud cuando se está bien con uno mismo, con su conciencia y con el Creador.

Cada vez que hablamos de paz, pareciera algo inalcanzable, pero anhelado por muchos. Por eso surge la pregunta: ¿cómo obtenerla? En un mundo donde cada quien busca lo suyo, en una sociedad afectada por el estrés y la corrupción, que produce gran incertidumbre, la paz pareciera más bien una ilusión o un espejismo.

Quizás esta inquietud estaba en los discípulos de Jesús. Poco antes de ir a la cruz, el Señor anima a sus discípulos con estas palabras: «La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da» (Juan 14:27). Les brindaba su paz, ya que iba a hacer la paz entre nosotros y el Padre por medio de su sacrificio en la cruz: «y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz» (Colosenses 1:20).

Al resucitar al tercer día, se dirigió a sus discípulos y les dijo: «Paz a vosotros» (Lucas 24:36). ¡Qué gloriosa obra de Cristo para traer paz al ser humano!

Por eso, la paz genuina llega a nuestra vida cuando recibimos a Cristo como nuestro Señor y Salvador, y experimentamos su presencia por medio de su Espíritu. Esa paz echa fuera el temor a las circunstancias cotidianas, a la muerte y a lo porvenir. En Cristo gozamos de una vida nueva, confiando en la promesa del Señor que nos dice: «Mi paz os doy». Una paz inagotable, segura y verdadera, que no se asemeja en nada a la paz que el mundo ofrece.

Ven a Cristo y goza de su paz.

Cristóbal Yáñez, IEC Panamá